Cuando este lechón empezó a iniciarse en el mundillo del golf, lo abordó desde una perspectiva puramente deportiva. No obstante, cuando comentaba con algún amigo o compañero de trabajo mi nueva afición, se mostraban totalmente perplejos. Pero... ¿tú? ¡Si es un deporte para pijos! ¡Eres la última persona que me esperaría jugando al golf! Eso los que se lo tomaban en serio, la mayoría sigue pensando que es una broma.
¿Es realmente un deporte acotado a un grupo de elegidos? ¿Por qué hay esa percepción social de este deporte como caro y exclusivo? Pasemos a analizar algunos detalles sobre este menester.
El importe económico que supone un deporte para sus practicantes, puede analizarse estudiando el gasto en material para su desempeño, así como el de la instalación necesaria para practicarlo. Si el golf es realmente un deporte para pijos, debe resultar obvio un gasto considerable en alguno, o ambos, aspectos.
Posiblemente el material es uno de los aspectos que más desconciertan a los golfistas y que más equívocos produce en el ajeno. Uno puede escuchar frases como: "Como para jugar. Los palos te cuestan lo menos 6000 euros". Existe la percepción de que el material del golf es caro, que un juego de palos con su bolsa tiene un precio desorbitado y poco asequible. ¿Es cierto? En absoluto.
Primero hay que matizar algunos aspectos. Un jugador puede llevar en su bolsa hasta un máximo de 14 palos. No obstante, el jugador ocasional no suele cubrir toda la gama, y el novato mucho menos. ¿Puede llegar a costar un juego de palos esa cantidad? Desde luego, y mucho más. No obstante sólo un jugador profesional - o un amateur con ganas de gastar dinero - comprará un equipo de primer nivel y gran calidad.
Un palo suelto en tu gran superficie de deportes más cercana puede costar en torno a 20-30 euros. Medio juego de palos, más que de sobra para iniciarse, algo menos de 100 euros con bolsa incluida. Y un juego completo, por menos de 200 euros. Eso teniendo en cuenta que sea un equipo nuevo. Es bastante corriente que el jugador que va mejorando su nivel de juego abandone sus viejos palos por otros de mayor calidad. Esos palos viejos pueden darle aún muchas horas de diversión a un novato, que puede adquirir ese equipo de segunda mano por un precio más que razonable. Siempre que queramos adquirirlos, claro. Existe la posibilidad de alquilar el equipo en tu centro de juego antes de decidir si el deporte de interesa, o, como estos lechones, comprar entre ambos un juego y compartirlo durante los partidos.
Palos aparte, sólo necesitamos la bola, que podemos adquirir por un irrisorio precio, prácticamente despreciable.
Resumiendo, medio juego de palos con bolsa y unas cuantas bolas, siendo generosos, nos suponen un desembolso de unos 150 euros que nos darán utilidad durante años. ¿Aún piensas que el golf es para pijos? Todos conocemos a practicantes ocasionales de deportes considerados populares gastarse eso y más, para disputar un simple partido con los compañeros del trabajo. Las zapatillas/botas de su ídolo, el balón último modelo, la equipación de su club favorito... Puedes gastarse en una bicicleta 10 mil euros, pero nadie consideraría al ciclismo un deporte elitista. Lo cual lleva a la reflexión con la que concluyo esta parte del artículo: El deporte no es elitista, lo son las personas que lo practican.
¿Es pijo el atletismo? Te da la risa sólo con pensarlo, ¡es el deporte más simple que existe! Puedes salir a correr con una camiseta gastada, un chándal de 3 euros y unas zapatillas viejas. En África salen deportistas de élite sin siquiera eso. Sin embargo vemos cómo algunas personas compran camisetas ultra-transpirables, zapatillas reforzadas para menor sufrimiento en las articulaciones, un iPod para no aburrirse, cintas y muñequeras absorbentes, contador de distancia, pulsómetro y mil cosas más. Podrías correr a un gasto cero, pero el que quiere invertir dinero en su hobby, por afición o por pijerío, lo hará, sea golf, atletismo o cualquier otro.
Llegados a este punto, parece claro que el coste de jugar al golf no es superior, en material, a otros deportes populares. En el peor de los casos podríamos decir que es asumible. ¿Cómo hemos llegado a esta situación de percepción social de elitismo, entonces? Comentábamos antes que, además del coste del equipamiento, debíamos tener en cuenta el gasto de las instalaciones, y aquí tenemos el problema.
El golf nació en las islas británicas allá por el siglo XV. Cualquiera que haya visitado, o visto por televisión, las regiones de Escocia, Irlanda, Inglaterra etc. sabrá que hacer un campo de golf es tan simple como recortar un trozo de campo del tamaño requerido. El clima y el suelo hacen que prácticamente sea algo natural sin necesidad de un cuidado tan exquisito e intensivo como en otras zonas del mundo. Esto hace que se haya creado una gran tradición golfística, haya numerosos campos municipales y los costes de acceso a dichos campos sean irrisorios.
En España hubo que "fabricar" dichos campos, y el coste de fabricación y manutención del mismo hizo que sólo los grupos de élite pudiesen acceder a los clubs debido a las altas cuotas exigidas. De hecho, la pertenencia a dichos clubs indicaba cierto estatus socio-económico logrado, lo que hacía que, más allá de la pasión por el juego, hubiese cierto esnobismo en pertenecer al club de golf.
A lo largo de los últimos años, particularmente con el "boom" inmobiliario de mediados de los 90 y primera mitad de 2000, empezaron a aparecer campos de golf por toda la geografía, intentando atraer a las costas al turismo extranjero. La Manga del Mar Menor y especialmente la Costa del Sol son exponentes de este boom golfístico que empezó a llenar de campos la geografía española y a hacer que, poco a poco, no fuese algo tan ajeno ni tan lejano.
El último paso lo han ido dando las distintas administaciones. Viendo que el golf empezaba a ser un deporte de interés creciente empezaron a crearse los primeros campos públicos, escuelas de golf y distintos eventos para que cualquier aficionado pudiese tener un primer acercamiento a este deporte por un módico precio y sin grandes desplazamientos. Aún estamos en plena transición donde, tal vez, nuestra generación de treintañeros sea la primera generación de golfistas "populares" que aprovechen los recursos públicos para adentrarse en este mundo. Dentro de 15 años, al igual que ha pasado, por ejemplo, con el pádel, no será de extrañar que en cada casa, junto con las botas de fútbol o el balón de baloncesto, haya algunos hierros.
Podemos concluir, entonces que:
- El material de golf no es más ni menos caro que el de otros deportes populares. Se puede adaptar perfectamente a cualquier bolsillo y necesidad del jugador. El que haya más pijos jugando al golf que en otros deportes, no quiere decir que sea un requisito indispensable para practicarlo.
- La idea del golf como un deporte elitista es más una herencia de un pasado de pocos y exclusivos campos, que el de una realidad actual. La proliferación de campos, tanto privados como públicos, hace que exista una bajada de precio y de exigencias para poder disfrutar de una salida al campo.
